Creo que nunca hasta hoy había entendido por completo de qué se trata ser un auténtico ni-ni. Al menos creo que hoy sentí la esencia del ni-niismo. Ojalá pase por aquí algún declarado ni-ni (con su paro, su golpe, su contragolpe y su referéndum de experiencia) para que me diga si me puede dar la bienvenida a su club. Quizás esto sea otra cosa y me confunda cuando pienso que los ni-ni experimentan el mismo sentimiento de extrañamiento que sentí hoy, rondando la marcha ¿?
Los signos de interrogación surgen porque no sé nombrarla. ¿Marcha del Día del Periodista? ¿Para celebrar no-se-cuántos años del Correo del Orinoco, como le oí decir a Desireé Santos Amaral (en transmisión radiofónica del show oficialista, mientras a mí alrededor en vivo y directo el show opositor)? No, no creo. Hasta a mí se me había olvidado que esa era el evento histórico que se conmemora. ¿Marcha de los periodistas? ¿Cómo llamarla así, si los periodistas eran minoría en ese gentío variopinto? ¿Marcha por la libertad de expresión? Esa era una de las consignas. Una entre centenares. Parecía que cada persona que asistía a la marcha tenía una consigna diferente. Tal como tenían signos diferentes, banderas diferentes.
Una manifestación tan diversa sería positiva si se tratara de una opción consciente y responsable por el pluralismo político, por compartir un espacio público reconociendo nuestras diferencias. (Algo que asomó en las manifestaciones estudiantiles, algo que se sintió en la marcha universitaria).
Lo lamento por quienes me invitaron a marchar con ellos. No pude. No me convocaron.
Lo que vi en Plaza Venezuela y en las cercanías de Parque Carabobo fue un ensayo para volver a rodar el “Chávez, vete ya”. Mala película que ya fracasó en la taquilla electoral.
Falta discurso. Falta cultura política.
Para show de voluntarismo puro, ya tenemos el show chavista que cuenta con financiamiento de superproducción de Hollywood.