Hace menos de dos semanas discutíamos en clase sobre los elementos para analizar un texto en el nivel ideológico. Tema que me apasiona. Tema que se me ocurre debería apasionar a todo estudioso o estudiante de las ciencias sociales (me temo que no es así). La discusión derivó de la expresión textual de la ideología de los investigadores al debate sobre la ideología dominante en la sociedad venezolana y en sus instancias de poder.
La clase de primer año de Trabajo Social en la UCV está integrada por jóvenes entre 17 y 26 años, la edad promedio es 20 años. Jóvenes de clase media baja, clase trabajadora con aspiraciones. La mayoría habitantes de las ciudades dormitorio de los alrededores de Caracas: Cua, Charallave, Ocumare del Tuy, La Guaira, Guatire. Hasta uno que viaja a diario desde La Victoria; aproximadamente 75 Km. de distancia, quizás dos horas en autobús por la congestionada autopista, para llegar a la UCV antes de las 8 de la mañana. Habitantes de apartamentos en Caricuao y en Palo Verde, urbanizaciones populares en dónde viven profesionales y comerciantes con bajo ingreso, rodeados por barrios marginales, con los cuales comparten el miedo a la delincuencia y los servicios públicos deficientes (más deficientes mientras más alto en la montaña vivas, por supuesto); convivencia afectada por diferencias culturales, diferencias en las aspiraciones, diferencias en el acceso a la información y en la relación con las instituciones.
Estudiantes nominalmente divididos entre chavistas y opositores, aunque la mayoría se muestre apática o reservada frente a las discusiones políticas, que no llegan a nada, que sólo te pueden ganar enemigos que te esperen a la salida para hacerte entender las ideas correctas con el poderoso argumento de un golpe y la amenaza de un “hierro” que se asoma de alguna pretina. Apenas un par de chavistas, formados en las misiones. En una de las escuelas tradicionalmente más politizadas de la UCV (también tradicionalmente, la universidad venezolana más politizada). En una escuela, donde todo el mundo, es o se dice de izquierda, socialistas todos o casi todos, chavistas y opositores. Mayoría opositora entre el profesorado, mayoría chavista entre el estudiantado; al menos ese era el cuadro en enero, cuando elegimos al equipo directivo de la escuela. (Ganamos los opositores, por un punto).
Los estudiantes hacían finas distinciones, entre el discurso hegemónico, las prácticas reales y su propio sentimiento. Todos coincidían en que vivimos en una sociedad en la cual el conflicto es alimentado desde todas las posiciones, nadie busca el consenso.
Decían que el gobierno quiere llevar al país hacia ideología colectivista y mientras más nos lo dicen más individualistas nos volvemos todos (incluyendo a quienes están en el gobierno); hasta el punto en que nadie piensa en bienestar de la sociedad o de su propia comunidad, incluso pocos piensan en su familia o en sus amigos, sólo yo cuento. “Sólo yo cuento”, dicho sin dudar y con total consenso entre los miembros de la clase, entre universitarios de 20 años, que conocen la idea de solidaridad, y hasta la aprueban, pero no la encuentran viable en las condiciones de su vida cotidiana.
Decían que el gobierno quiere establecer control absoluto sobre todo lo que ocurre en el país y sobre todos los que vivimos aquí. Decían que todos nos escapamos de ese intento por controlarnos, que todos hacemos lo que nos da la gana, sin considerar a nadie más. Y los mejores ejemplos del desaforado libertinaje, del total descontrol, lo dan los funcionarios públicos que no tienen freno en buscar su beneficio personal llevándose por delante al país.
Decían que el discurso es igualitarista, pero no todos somos iguales. Notaban que los méritos sólo cuentan en el papel, mientras en la práctica la suerte, la palanca y las relaciones deciden todo. Por eso importa graduarse y tener un título en papel; no importa realmente aprender, no vas a ganar dinero por lo que sabes, sino por con quien te conectes.
El Estado, en todas partes. Todos nosotros dependiendo de la voluntad de quien controle el Estado. Estatización todopoderosa, rigiendo nuestras vidas.
Dudas sobre el potencial de la idea del empoderamiento del ciudadano. Desconfianza frente a la delegación del poder por vía electoral.
A la pregunta: ¿cuál el valor clave en nuestra sociedad? La respuesta sin vacilaciones. Del lado del gobierno: el orden. Del lado de la gente: libertad.
Sólo me he encontrado a tres de mis estudiantes en las concentraciones estudiantiles. Dos de ellos, chavistas; al menos lo eran hasta enero. “Pa´ que usted vea, profesora”, me dijo uno de ellos, el martes al mediodía, en Chacaito. Para que vea cuanto ha cambiado el clima político del país en apenas cinco meses.
Desconcertada, como todos, por este masivo salir a la calle de los estudiantes, después de 15 años de repliegue en caña, culitos, celular, reggaeton y hip-hop.
Entendiendo, gracias a las lecciones de mis estudiantes, por qué la consigna que comparten es “Libertad”.