“Absoluta normalidad”
De la concertación al desconcierto. Venezuela, 27 Febrero Dir. Liliane Blaser
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De la concertación al desconcierto. Venezuela, 27 Febrero Dir. Liliane Blaser
Con proyecciones de ganar 10 gobernaciones y 156 alcaldías, los escenarios deberían lucir azul celeste para la oposición. No obstante, la política no es tan simple. Son varios los factores que hacen temer que el mapa electoral pudiese continuar siendo rojito, aunque sea de un rojo aguado.
El primer factor es que no existe una línea estratégica de “la oposición” como existe una línea estratégica chavista, porque no existe una oposición sino múltiples organizaciones, partidos y micro-partidos, grupos e intereses anti-chavistas.
El segundo factor es la debilidad de los partidos políticos. UNT es un aluvión de dirigentes sin programa político, sin ideología compartida, sin siquiera lineamientos electorales comunes. En año y medio no han avanzado ni un paso hacia la formación de militancia. Ese trabajo sí lo ha hecho PJ; pero dado su núcleo elitesco, los justicieros tienen dificultades para llegar a convertirse en un partido nacional. Hay micro-partidos que quizás puedan reunirse en una casa grande, como Causa R (preferiblemente en Puerto Ordaz), Izquierda Democrática y Bandera Roja. Hay cascarones vacíos, franquicias en decadencia como AD y el MAS. Y está la esperanza vino tinto, Podemos, que sabe que se lo juega todo en estas elecciones regionales. Por ahora están jugando muy bien. En la periferia, un montón de organizaciones civiles aficionadas a la política, algunas con una estrategia relevante como Radar de Barrios. Y el movimiento estudiantil devenido prematuramente movimiento electoral. ¿Cómo pueden establecer alianzas sólidas con otras organizaciones, partidos que ni siquiera están cohesionados internamente?
En todo caso, la dinámica electoral parece saludable. En todas partes surgen candidaturas diversas; algunas basadas en liderazgos regionales y locales, algunas basadas en gestiones de gobierno exitosas, algunas basadas en un trabajo político constante. Otras basadas en compadrazgos, fortunas personales y macollas. Estas últimas podrían prosperar en la Venezuela pobre, estancada. Las primeras son las únicas que tienen vida en la Venezuela urbana, que aspira al desarrollo y al siglo XXI.
El problema es que las campañas electorales exigen grandes inversiones financieras. El chavismo tiene ese problema resuelto con la caja chica de PDVSA, de las propias gobernaciones y los millarditos fáciles. Para la oposición, el dinero tiene que venir de bancos, de ganaderos, de industriales. Y en este país chiquito, poco desarrollado, dependiente de la renta petrolera, poco capitalista en sus formas de producción (aunque sea ferozmente capitalista en sus formas de consumo), el gran dinero circula en un grupito cerrado, en una macolla de buen vestir y buen comer que sólo se junta con gente bien a quienes conocen desde el colegio. Así se repartían gobernaciones, curules y ministerios. Así era la política antes. Ya no es así, pero ellos no lo han entendido. Desde 1989, la política es un juego en el cual deciden (con voces y votos) las clases medias: los profesionales bajo régimen de 15 y último, los empleados administrativos, los pequeños comerciantes (incluyendo a los buhoneros), los micro-empresarios, los obreros con contrato colectivo en grandes empresas. Mientras quienes ponen el dinero no establezcan mecanismos para escuchar a esas voces de ciudadanos clase media, no van a tener pistas para poner sus reales en el candidato que puede levantar los votos. No es que me importe mucho que los financistas pierdan sus reales, lo que me importa más es que los aspirantes que pudiesen presentar un programa y un discurso afín a las clases medias no puedan afrontar los costos de la campaña. Eso le daría el triunfo (otra vez) a la abstención y al chavismo.
La estrategia electoral chavista parece apoyarse en dos componentes:
la transferencia financiera a los consejos comunales
el activismo de los militantes del PSUV
En el papel, inicialmente, la estrategia diseñada por las salas situacionales gubernamentales podría parecer razonable. Dinero + propaganda ideológica deberían ser buenos motivadores para captar votos en las elecciones regionales y locales.
El inconveniente es que los análisis de estas rojitas salas situacionales parecen omitir un punto importante para el desarrollo de escenarios y estrategias: se les olvidó considerar la realidad política del país (y quizás también la económica).
Los problemas de flujo de caja de PDVSA conspiran contra el logro de la meta de transferir directamente a los Consejos Comunales la suma de 4 millardos de Bs. escuálidos.
Pero pongamos que le ganamos al imperio y los gerentes rojitos de PDVSA descubren cómo administrar eficientemente la renta (y no se lo roban todo). Y se vuelve a abrir el chorro de dinero, que ahorita apenas gotea. ¿Tendrá esa transferencia de dinero el efecto deseado?
Lo que el gobierno pretende comprar con esos 4 millardos de Bs. escuálidos es: liderazgos comunitarios, capacidad de movilización popular y votos para cumplir el objetivo de aumentar el número de alcaldías rojitas y mantener todas las gobernaciones oficialistas. ¿Están en venta esos liderazgos comunitarios y esa capacidad de movilización popular? NO. Prometieron 9 millardos de Bs. escuálidos si se aprobaba la reforma constitucional y la respuesta fue NO. Con 5 millardos de Bs. MENOS la respuesta va a volver a ser NO.
Ni hablar de la desconexión que hay entre los consejos comunales y sus líderes por un lado y por el otro lado los gobernadores y alcaldes rojitos que aspiran a repetir o a dejarle la herencia a sus delfines políticos (testaferros) y a sus familiares (hijos, hermanos, cónyuges y hasta la madre de un alcalde aspiran a ponerse al frente de los negocios familiares, es decir de sus respectivas alcaldías y gobernaciones).
La otra innovadora estrategia propuesta por las salas situacionales gubernamentales es que sean los militantes del PSUV quienes se dediquen a hacer campaña y a conseguir votos para los candidatos oficialistas. No soy irónica cuando califico esa estrategia como innovadora. Aunque ese solía ser el rol de los militantes de los partidos políticos, no ha sido esa la vía preferida por el chavismo para captar votos. Hasta ahora los votos se levantaban por la vía de las alocuciones del caudillo, líder único, Hugo Rafael. (Hay que reconocerle el mérito a los analistas de las salas situacionales gubernamentales de estar admitiendo que el portaviones tiene problemas para mantenerse a flote con tanta ineptitud. La mano que alza Chávez ya no proclama al ganador).
El problema aquí es que parte de la premisa de que los militantes del PSUV son laboriosos obreros dispuestos a trabajar 24x7 para levantar votos, como los adecos de antes. ¿Lo son? No sabemos. Para la reforma constitucional como que ni lo intentaron. Por ahora, lo que se ve es una desconexión total entre esos aspirantes a militantes y las masas populares que solían votar por Chávez y la última vez no lo hicieron.
La otra cosa que los informes de las salas situacionales gubernamentales no consideran (esa es una limitación del analista político con miedo de perder sus sustanciosos honorarios) es la guerra entre los capos. ¿Cuál puede ser el efecto electoral de esa guerra entre el capo Diosdado y el capo Ramírez?
En síntesis: los analistas electorales rojitos parecen estar meando fuera del perol.
Bueno, faltan casi 9 meses. Quizás el chavismo alinee su estrategia electoral con la realidad de aquí a noviembre. O cambie la realidad política del país, que sigue siendo muy dinámica. Por ahora, las proyecciones hablan de 7 a 15 gobernaciones para la oposición, de 100 a 200 alcaldías que no serán rojitas.
Pasaron casi 19 meses desde el día 1 de la transición.
Hoy Cuba (y Latinoamérica, quizás el mundo) vive el segundo día de la transición.
Va el relato, desde Cuba. Yoani en primera persona (Hoy es la primera vez que la leo, en un día histórico, un día en que nos sentimos más ligeros):
No me dejan dormir desde las tres de la madrugada. El teléfono empezó a sonar minutos después que la página web de Granma colgara las últimas reflexiones de Fidel Castro. Desde ese momento no he podido volver a acostarme. Es difícil pensar con claridad cuando se lleva encima una madrugada en vela, así que todavía estoy en la fase de “pellízquenme a ver si estoy despierta”. Los amigos tampoco me ayudan mucho a espabilarme, pues me acosan a preguntas, como si en esta Isla alguien pudiera tener “respuestas” a algo. Toda mi vida la he pasado con el mismo presidente. No sólo yo, sino que mi mamá y mi papá –nacidos en el 57 y en el 54, respectivamente- tampoco recuerdan a otro, que no sea el que hoy se ha despedido de sus cargos. Varias generaciones de cubanos no se han hecho nunca la pregunta de quién los gobernará. Tampoco ahora tenemos muchas dudas de cuál persona ocupará el máximo puesto, pero al menos hay alguien que parece definitivamente descartado. Como en esos filmes de Alfred Hitchcock nos hemos enterado, sólo cinco días antes de las elecciones, que nuestros disciplinados parlamentarios se enfrentarán a una boleta diferente; que no tendrán que marcar al lado del “mismo” candidato. A pesar de estar cayéndome de sueño, alcanzo a darme cuenta que hoy se ha cerrado un ciclo. Vale preguntarse si el nuevo que se abre llevará nuestros nombres, tomará el curso de nuestros deseos o durará otros cincuenta años. Por el momento cierro los ojos y ya me siento más ligera.
Hasta siempre, comandante.