Me levanté a las 6:30 de la mañana, ¡en un día domingo! Tenía la reservación del tren que me iba a llevar de Ann Arbor a Chicago para cumplir con mi deber ciudadano de votar en las elecciones presidenciales de 2006. Tenía años apoyando a Chávez porque estaba harto de las sinvergüenzuras de la ADemocracia. Para mí el problema no era los delitos impunes de Lusinchi, la ineptitud de Pérez o la intensa estupidez de Herrera. Para mí el problema eran los partidos políticos. Esos partidos actúan como seres dotados de voluntad, es decir, de mala voluntad. Para generar lealtades y recursos económicos, los partidos han creado la economía política del abuso de poder. Si la única forma de conseguir una cédula o un pasaporte es jalándole bolas al jefe del partido, entonces tengo que jalarle bolas al jefe del partido. Una lógica simple y efectiva. Y mi jaladera de bolas, unida a la jaladera de bolas de cientos, tal vez miles como yo, convierte al jefe del partido en un tipo cojonudo.
Estaba convencido que Chávez iba a acabar con todo eso. Él lo prometió en 1998, antes de ganar el poder. Chávez prometió como tantos otros y no cumplió su promesa. Por el contrario, como es más soberbio que los otros presidentes, entonces la economía política del chavismo es peor que lo que teníamos antes ya que el abuso de poder del soberbio y sus capitanes es peor que lo que teníamos antes.
Chávez no gobierna, él manda. Más preciso sería decir: él insulta.
El tren llegó a la hora pautada a Chicago. Hacía mucho frío y el viento del lago Michigan bajaba más la temperatura. La estación del tren queda a dos cuadras del Consulado de Venezuela, en el mismo edificio donde está el Civic Opera House de Chicago, 20 Wacker Drive. Las mesas de votación estaban el piso 6 del edificio, me dice el portero. Llegan varios venezolanos a votar. Se notan inquietos. Hay murmullos, cuentos, temor de fraude. Hablo con Alberto, un estudiante doctoral en Urbana-Champaign y con Ramón, quien tiene más de 30 años viviendo en Estados Unidos. Ramón es miembro de la mesa. Veo a varios testigos. Unos están comiendo bollos venezolanos. Los venden a dos dólares. Que viva el espíritu emprendedor de nuestros pequeños comerciantes. Yo me como dos bollos: uno por hambre y otro por agradecimiento por la fantástica idea de vender bollos venezolanos en Chicago, el día de las elecciones presidenciales.
Enseño mi vieja cédula al jefe de mesa. Él me busca en los registros. Allí aparece mi nombre. Firmo y me toman impresión de la huella digital. Me dan una hoja del tamaño de una hoja de periódico con símbolos de 86 partidos pidiendo mi voto. “Qué monstruosidad”, pienso yo. ¿Cómo va ha existir debate político serio si esa vaina la convirtieron un gallinero? Bueno, esa es la economía política del abuso de poder. Imagino que 86 secretarios de organización han hecho un montón de piruetas (algunas no muy decentes) para poner su símbolo sin sentido ni significado en el tarjetón electoral. La más cómica anulación de la semiótica que haya visto jamás.
Bajo a comer y todos los restaurantes están cerrados. Pienso regresar a la estación del tren y comer en el Food Court alguna hamburguesa o un pedazo de pizza. Pero para mi suerte encuentro un Jimmy Jones y compro The Vito, un submarino italiano. Regreso al consulado y decido quedarme a ver el conteo de votos.
Mesa 1: Hugo Chávez, 17 votos; Manuel Rosales 164 votos.
Mesa 2: Hugo Chávez 10 votos; Manuel Rosales 162; Nulo 1 voto.
Veo muchas caras sonrientes. 366 a 27. “The odds are 12 to 1” que alguno de ellos haya votado por Rosales. Las sonrisas elevan la probabilidad. Los que se quedaron están defendiendo los votos de Rosales. Llamo a mi familia en Venezuela y me dicen que Caracas “votó rojito rojito.” Falta el resto del país. Las horas pasan y los resultados son más definitivos. Chávez ganó.
Yo también gané. Gané el placer de cumplir mi deber ciudadano y gané el placer de hablar con muchos venezolanos que aman a su país. El mundo no acaba hoy. Hay que revisar lo que pasó, aprender lecciones y hacerlo mejor la próxima vez.
CEM
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Desde Chicago, un camarada aceptó la oferta para compartir el espacio de Reste@dos.
Algo logramos, si sumamos infociudadanos. El espacio sigue abierto, para quienes quieran echar su cuento y sumarse a la red.
Elecciones Presidenciales Venezuela 2006, Manuel Rosales, Hugo Chávez, Chavismo, Elecciones3D, Infociudadanos 3D