Rojitos, a 30 mil
Es la 1:39 p.m. cuando salgo de la casa en busca de un taxi. Me encuentro en la parada con un hombre y una mujer jóvenes, que hablan entre risas y gritos. El hombre tiene abierta las páginas de un Meridiano. Supongo que van leyendo la reseña del juego de beisbol de anoche, porque hablan de la racha de Magallanes. Y celebran, con risas. Pasa una camioneta de pasajeros, por las ventanas se ven camisas rojitas. Desde un megáfono, un hombre invita a concentrarse en la redoma (¿Ruiz Pineda?, supongo) para ir a encontrarse con el comandante en Macarao, que hoy está rojo, rojito. Yo voy ganando doble, magallanero y chavista, dice el tipo. A la muchacha se le acaba la complicidad con su amigo: acá que no venga el bicho ése porque lo sacamos a peñonazos.
Acá, los resultados del referéndum fueron:
NO:738 / 50,03% SI: 737 / 49,97%
Estamos en la UD3 de Caricuao.
El hombre contesta algo que no logro entender. Y luego la conversación vuelve al béisbol. Aparece un taxi, le hago la señal, me embarco y ya no puedo seguir la conversación.
Al cruzar la esquina, alcanzamos a la camioneta que está invitando a la concentración roja, rojita. Mi hermano trabaja en eso, me dice el taxista. El gesto de la barbilla, me indica que se refiere a la camioneta. ¿Organizando gente para las manifestaciones?, pregunto. Sí. ¿Le pagan?, pregunto (siempre he oído que pagan por asistir a manifestaciones, pero no me consta). Sí, le dan 7 millones, para que pague 30 mil por cabeza. Él se queda con la mitad. ¿Y de verdad lleva gente? Sí, bastante. Cien, 120, a veces más. ¿Y está trabajando hoy? Sí, creo que hoy es en Macarao, ¿no?
Si la cosa es a 30 mil por cabeza, ¿vale la pena ponerse a contar cuántos fueron a Macarao? ¿Pagan más o pagan menos por cabezas azules?
¿Y cuánto irán a pagar por un voto?
¿Hay bastante plata para pagar por conciencias?
Lamentablemente, sí. Hay real. Y hay muchos a quienes sólo les toca 30 mil por día de campaña.
- Campaña, Elecciones 3D | Hora: 12:32 am






Yo tengo la teoría de que en Venezuela todos somos mercenarios. Me inculcaron una educación bastante idealista en mi familia, pero lamentablemente la realidad es que los venezolanos nos vendemos barato. Todos, sin excepción.
Será que lograremos reaccionar antes de que le vendamos el alma al diablo? Por cierto, no el diablo de Chávez…
Comentario de Marcos Lorenzo — November 10, 2006 @ 2:13 am
No creo que seamos un país de mercenarios. Lo que somos es un país en el cual la riqueza está concentrada en una élite (cada vez más), mientras la mayoría de la población tiene que hacer grandes esfuerzos (incluyendo tragarse la ética) para satisfacer sus aspiraciones económicas.
Hay pocas opciones de riqueza en el sector privado formal; dado que nuestros mercados son pequeños y las barreras de entrada son altas, además de que enfrentamos problemas de formación profesional, acceso a la información y capacidad para usar tecnologías.
Mientras, los mecanismos de distribución de la inversión pública han sido pervertidos, tras al menos cuatro décadas de clientelismo.
Funcionamos en modo sobrevivencia.
Comentario de Reste@dos — November 10, 2006 @ 10:20 am
No sé si lograste leer el libro de Fernando Vallejo « Mi hermano el alcalde ». Eso es Vallejo aplicado. Si no tienes chance de leerlo, yo puse un corto comentario en mi blog sobre el libro con algunas citas.
http://ulive.free.fr/blog/index.php?2006/10/21/210-la-politica-segun-fernando-vallejo
Después te dejo un comment más largo, hay cosas que estuve pensando y que quiero compartir contigo acá, pero ahora no tengo chance. Saludos.
Comentario de vicente — November 10, 2006 @ 1:55 pm
Mas bien el problema es que somos “vivos” y “arrechos” y nos queremos joder unos a otros a como de lugar. Así que aceptamos porque somos egoistas y no miramos para nada el futuro, porque no creemos en el. Somos un pueblo de incredulos.
Comentario de Carlos Garcia — November 10, 2006 @ 3:24 pm
Reste@da, muy de acuerdo con tu comentario, pero también muy de acuerdo con el comentario del amigo Carlos García, por eso lo que comenté en mi post, sobre los que aplauden por “convicción”, esos aplauden, porque se preguntan así mismos : “¿y dónde mas encuentro esta manguangua?”.
Comentario de unocontodo — November 10, 2006 @ 4:09 pm
Creo que la manguangua, como todos las prácticas clientelistas que florecen en nuestro país, es una fuerza económica. La manguangua (y el clientelismo en general) quizás sea uno de los motores del sistema capitalismo de Estado + asistencialismo populista.
No me alcanza la moral para juzgar por qué hay quien se venda barato (igual, barato o caro es relativo a tu posición socio-económica y a tu capacidad para obtener ingresos).
No es que sean mercenarios por vocación. Simplemente, ese es el tipo de trabajo que logran conseguir.
Entiendase bien, para alguna gente reclutar personas para que asistan a una manifestación es su empleo, con eso se ganan la vida, y es irrelevante si el patrón les cae bien o no.
Igual como le pasa a cualquiera con un oficio más convencional en esta sociedad con pocas oportunidades educativas, pocas oportunidades de empleo y mala remuneración por el trabajo. Pocos se pueden dar el lujo de escoger un empleo en el cual se sientan satisfechos y orgullosos. Se agarra lo que hay.
Así que si queremos que la dinámica política y social cambie hay que presionar para que haya más oportunidades educativas y económicas. No darle lecciones de moral a la gente, que esas ya se las saben, dolorosamente.
Es la tragedia de las sociedades anómicas.
Espero esos comentarios, Vicente, que hay muchos temas de debate. No he leído el libro de Vallejo, pero si leí tu nota. Por las citas que haces si pareciera que Vallejo reproduce atinadamente la economía política de nuestros países.
Comentario de Reste@dos — November 11, 2006 @ 11:40 am
Hola, Resteada. Algunas de las cosas que he pensado al seguir las elecciones en Venezuela y las pre-elecciones en Francia. Son sólo ideas, me dirás su plausibilidad.
PREMISA: La democracia como modelo político se base en la argumentación y el discurso, y es un esquema tomado de los países desarrollados. Por tanto:
1) El lenguaje no es universal, y responde a características regionales particulares. No es lo mismo decir “arepa” en Caracas que en París, y por más que se busque una traducción (¿Crêpe?), al utilizar una palabra (la herramienta wittgensteiniana) en otro discurso con otra forma de vida, los resultados nos son los mismos. Entonces:
2) ¿Responde la democracia discursiva en Venezuela a los mismos estándares de evaluación (legitimación) que aquellos expuestos en otros países? Creo que no. Creo que nosotros tenemos otros factores inherentes al discurso a los cuales le damos más peso y que son Supra o Meta lingüísticos. Estos factores no podemos analizarlos con modelos discursivos importados (como la performatividad de Austin) porque no existen (o tienen poca fuerza ilocutoria) en aquél discurso. Me pregunto si esto no pueda explicar por qué, si en otros países se debate en torno a la aplicación de las leyes, modelos económicos y demás, nosotros basamos la campaña sobre “el amor” o una tarjeta Mi Negra.
3) No creo que esto sea antropocéntrico, tipo Tótem y Tabú, como quien dijera que ellos son “más desarrollados” o mejores que nosotros. Simplemente subraya diferencias en la percepción del discurso y los valores que atribuimos a lo que se dice. Si esta diferencia existe, ¿por qué nos empecinamos en ignorarlas, en vez de asumirlas como importantes, fundamentales para entender la lógica de nuestra democracia?
En fin, ahí te lo dejo. Son algunas cosas a las que le he dado la vuelta en la cabeza en estos días. A ello se podría agregar una explicación de por qué nuestra democracia es más personalista y allá más institucionalista, o por qué en nuestros debates influye mucho más ciertas actitudes posturales, de “macho” o lo que se quiera, que en otros lados tienen menos valor (y hasta valor negativo en ciertos países).
Espero tus comentarios…
Comentario de vicente — November 12, 2006 @ 7:53 am
A) Estoy de acuerdo con que el planteamiento de que “La democracia como modelo político se base en la argumentación y el discurso”. (No tan de acuerdo en que sea un modelo propio de los países desarrollados; pero, prefiero no empantanarme metiéndome en una discusión por esa vía, sino concentrarme en el problema de la función del discurso en la democracia).
B) De acuerdo con el planteamiento de que el lenguaje no es universal. Aclaro que más que un problema de idioma e incluso de familiaridad con referentes concretos (como puede entenderse tu ejemplo de la arepa), de lo que se trata es que distintos grupos sociales poseen distintos conceptos, le dan distintos significados a las palabras abstractas. Digamos mesa es mesa para todos los hablantes de español (sin pararnos en las diferencias entre mesas concretas), pero la cosa se empieza a complicar en la medida en que elevamos el nivel de abstracción. Pensemos en que significa ser rico, por ejemplo. Pensemos en que significa decir que “Venezuela es un país rico”. ¿Qué significa una frase como esa para la persona que recibe 30 mil Bs. por asistir a un mitin? ¿Qué significa para el tipo que se queda con 3 millones por reunir un grupo de 100 personas para hagan bulto en un mitin? ¿Qué significa para mí, que tengo un sueldo Bs. 12 millones anuales como profesora universitaria y me puedo ganar la misma cantidad en una semana de consultoría rojo, rojita (si me guardo la ética en dónde no le pegue sol)?
C) No, pareciera que la democracia venezolana no usa los mismos criterios de legitimación que la democracia francesa o europea en general, al menos como se ve desde aquí la política de esos países. Episodios como el discurso de Juan Barreto en el Teresa Carreño acabarían por completo con una carrera política en USA; no por la amenaza de expropiación de los campos de golf sino por usar como ofensa las preferencias sexuales de una persona. Ni hablar de lo que podría ocurrirle en Europa a un funcionario público que diera un discurso como el de Ramírez.
Nuestros debates tienden a la simplificación, a la descalificación personal del antagonista político, al reclamo emocional más que a la argumentación. Creo que incluso otros países latinoamericanos como Chile, Brasil y Bolivia, están teniendo debates políticos mucho más complejos y por ende muchos más exigentes para quienes quieren legitimar su discurso político.
Además, entre nosotros el discurso político exaltado tiende a violentar los límites del estado de derecho. Las restricciones legales son vistas como detalles formalistas que se pueden obviar, no como el marco para la acción política. Por eso pueden darse aberraciones como el decreto #1 de Carmona, que se saltó todo el orden constitucional del país; no guardaron las formas, como habría podido esperarse en un golpe palaciego. Por eso pueden darse aberraciones como Chávez felicitando el valor revolucionario de Ramírez; pisoteando las reglas formales democráticas como si no existieran.
D) Creo que las categorías teóricas de Austin si pueden usarse para analizar nuestros discursos políticos públicos. Por supuesto, los ejemplos en contexto son más complejos que los ejemplos en los libros de filosofía de lenguaje. La realización lingüística se intercepta con el poder y con las prácticas sociales. Fíjate en el ejemplo del comentario casi al margen que hizo Chávez sobre su rechazo al consumo de bebidas alcohólicas en los barrios. Al día siguiente estaba la policía impidiendo la venta de cervezas en los puestos de hamburguesas y perros calientes de las zonas populares de Caracas. Tuvieron que parar sus negocios quienes tenían sus cavitas para vender cerveza a la salida de las estaciones de Metro. La palabra de Chávez hecha ley; más poderosa que las leyes escritas que prohíben la venta de cerveza sin licencia. Arriba en los cerros, donde la ley siempre es diferente y todo cuesta más, subió el monto del peaje que, quienes distribuyen y venden cerveza, le tienen que pagar a la Guardia Nacional, a la policía y a los malandros que controlan la zona. Ahora los costos operativos del negocio de venta de cerveza son más caros (en los cerros, es irrelevante si tienes licencia para vender o no la tienes). ¿Quieres un ejemplo más colorido de acto ilocucionario?
E) Quizás nuestras consignas y temas de campaña tienden a la simplificación emotiva o irracional no sólo por las características de nuestras preferencias discursivas sino por factores institucionales y por los mecanismos de inclusión/exclusión en la participación política que imperan en nuestro sistema.
Podríamos considerar el factor obvio de la calidad de la educación que tiene la mayoría de la población. Pero ¿acaso han tenido acceso a una mejor educación los Sin Tierra de Brasil o los campesinos cocaleros de Bolivia? Quizás la falta de exigencia de argumentos se relacione con la anomia característica de la marginalidad y la ghettización urbana.
Otro aspecto que podemos considerar es la falta de formación en organizaciones de base y en organismos deliberantes de muchos de los dirigentes políticos actuales. Empezando por Chávez, en el oficialismo como en la oposición, son muchos los dirigentes que han llegado a primera fila por atajos. No fueron dirigentes estudiantiles, no fueron dirigentes sindicales, no fueron concejales, no fueron diputados. En síntesis, no fueron socializados en debates entre actores con el mismo poder formal y diferentes intereses. Así que no saben debatir públicamente con argumentos políticos. Sólo saben hablar para masas sin derecho a réplica, como se hace en la política mediada por la TV.
Quizás el factor fundamental sea el problema del falso consenso político. La crisis de los ´80 (que nunca hemos resuelto) acabó con los partidos políticos establecidos, rompió los vínculos entre las clases sociales al romper los canales de movilidad económica por la vía de la educación y el trabajo. El consenso quedó fracturado. En lugar de discutir abiertamente nuestros conflictos sociales y económicos, políticos en esencia, el país ha intentado tomar sucesivamente los atajos de falso consenso tecnócrata, la mano dura militar, el caudillismo mesiánico, la revolución de propaganda y el populismo mediático.
En el caso del populismo mediático que ha marcado esta campaña electoral es necesario apelar al mínimo común denominador. En el caso de los venezolanos, el mínimo común denominador es: 1) la necesidad de pertenecer al grupo grande, a la familia extendida, y 2) quiero real, ¿dónde hay real? Esos son los dos temas de la campaña; no hay espacio para más complicaciones, porque la mayoría tiene insatisfechas esas dos necesidades básicas: ni logramos desarrollar sentido de pertenencia en nuestras ciudades excluyentes y violentas, ni tenemos el dinero que deberíamos tener de acuerdo con el mito del país rico.
Seguimos entrampados en discursos de falso consenso, evadiendo los conflictos económicos, sociales y políticos que han fracturado a este país durante los últimos 20 años.
Comentario de Reste@dos — November 12, 2006 @ 4:29 pm
D)…He estado pensando en tus comentarios, de ahí que tarde en responderte. Creo que estamos más o menos de acuerdo en los primeros puntos. Pero me parece que en (d) podríamos darle una lectura distinta al problema de los “Actos de Habla” a la venezolana. Me parece que la problemática austiniana sólo puede ejercerse cuando el lenguaje (como dice él) puede autoregularse debido al peso de las instituciones que le son inherentes. En ese sentido, la falta de peso que pueda “regular” los preformativos nos coloca ante un panorama de “Diferendo” de Jean François-Lyotard. Por eso es que, como señalas, un locutor (Chávez), tiene el poder diferend-cial para abrogar todo movimiento locutorio particular. Chávez tiene tanta fuerza ilocutoria en su discurso, que puede barrer un preformativo de Barreto o hasta de José Vicente (los campos de golf, ejm.).
Esto se debe a nuestro sempiterno diagnóstico de la falta de distribución de peso en las diferentes instituciones, aunado a una violación directa al “principio de caridad” de Donald Davidson. Es decir, el no aceptar que el alocutor tiene suficientes creencias para creer “verdadero” lo que dice que es verdadero. La negación de un contendiente en las elecciones, por ejemplo, la descalificación de todas las intenciones de Rosales como no siendo “verdaderas” o “suyas” (sino de la CIA, bueh), no contribuye a siquiera iniciar el intercambio discursivo.
E) Puede que lo anterior, si se imbrica con tu lectura, explique un poco más “E”. Es decir, no sólo los factores sociales que tú mencionas conducen a la exclusión política, pero también la falta de espacios sociales de intercambio donde tengamos peso político y no seamos aplastados por el diferendo. Es que ni en los periódicos se puede aspirar a decir algo sin caer en la falacia ad hominem de la descalificación; puros movimientos que buscan no ver la lógica detrás del discurso. Eso aunado a lo que señalas en cuanto a la precariedad de nuestros personajes políticos (sin cultura de discusión política), creo que nos da este panorama (o más o menos).
Tu diagnóstico de la crisis de los 80 me parece acertadísimo. ¿No podríamos hacer una analogía para decir que la población inmigrante francesa, al enfrentarse al mismo fenómeno de crisis de movilidad y exclusión (después de los llamados 25 años gloriosos), manifestó su frustración quemando carros? Hipótesis hecha a la carrera y comparativamente sospechosa, pero me gusta la metáfora (somos franceses).
Me quedo un poco fallo con tu interpretación de medias y campaña. Lo primero suena medio freudiano (sentido de pertenencia familiar) y lo segundo creo que podría extenderse. Es decir, “quiero real” es más o menos la máxima de cualquier país capitalista. La diferencia radica en la forma en la que percibimos la adquisición de ese dinero, el rol que otorgamos al Estado y la visión de país que tenemos. De ahí que se prefiera “tener” el dinero (mi Negra), que dejarlo invertido en educación a través del Estado. Esto ayuda a entender por qué una proposición como “mi Negra” es discutible en Venezuela, pero en otros países suena como un total disparate (trata de explicarle a un francés cómo es eso de que el Estado transfiere los fondos de educación y salud directamente a la gente con una tarjeta de crédito).
Tu última apreciación me parece justa. No puede haber discusión si no mostramos todas las cartas (de hecho, por eso es que fallan estos modelos, veamos los USA tratando de crear consenso en torno a la guerra en la ONU sin mostrar todas sus cartas). Son modelos para mí demasiados endebles, porque radican demasiado en la “buena fe” del locutor. Y es demasiado fácil hacer trampa y ganar el consenso. Pero “en teoría”, es verdad que nosotros nos precipitamos al discurso sin tomar en cuenta los análisis previos que deberían hacerse para saber de qué diablos estamos hablando.
Saludos…
Comentario de vicente — November 25, 2006 @ 9:31 am
De acuerdo con que el poder diferencial de algunos actores sobre el resto afecta el efecto real de los actos de habla. Era en eso en lo que pensaba cuando dije que “la realización lingüística se intercepta con el poder”. Esto no invalida el uso de las teorías de Austin para analizar los discursos políticos en Venezuela. Pienso que su aparente insuficiencia se debe a que Austin pone énfasis en el individuo y explica poco sobre las estructuras sociales en las cuales ese individuo actúa. No obstante, esa limitación aparece superada en los trabajos de Jürgen Habermas, quien construye su teoría de la acción comunicativa y de la ética del discurso sobre los trabajos de Austin, Searle y Wittgenstein, así como sobre la ética kantiana. No conozco el trabajo de Davidson pero por lo que entiendo su principio de caridad coincide también con el planteamiento de Habermas de que el propósito de la comunicación o del discurso es entendernos, llegar a acuerdos, establecer consenso. Lo que pasa es que la crisis de legitimidad de los modelos políticos del siglo XX (y de las ideologías que los sustentaban) ha socavado esa orientación al consenso en los discursos públicos. Esta situación es clara en la coyuntura política venezolana, donde efectivamente se sospecha de la ética y de la razón del otro. Entre nosotros, más que intentar comprender los argumentos del interlocutor, el esfuerzo se pone en deslegitimar al actor, en desfigurar sus intenciones y en invalidar su discurso. Bajo esas condiciones es muy difícil mantener un régimen democrático . En ese punto estamos.
Sobre mi visión de lo que ha sido el temario básico de la campaña acepto que es limitada y tendría que desarrollarla más. Aunque te parezca peregrino el tema de la necesidad de desarrollar un sentimiento de pertenencia (¿hace cuántos años estas fuera del país?), si pienso que es el sustrato de buena parte de la dinámica política nacional. Es evidente en la conexión afectiva que los chavistas tienen con Chávez, la cual tiene poco de ideológica (en el caso de la mayoría). A la oposición le ha costado generar un sentimiento de pertenencia similar. Creo que derrotas como las del referéndum y las elecciones regionales, así como la posterior desmovilización del año 2005 y la mayor parte del 2006, se relacionan con la carencia de ese sentimiento de grupo cohesionado. En el cierre de campaña de Rosales avizoré un incipiente sentimiento de pertenencia a un grupo que no había sentido anteriormente. Veremos como se desarrolla eso. Un punto importante es que en este caso no hay una conexión afectiva con Rosales (como existe con Chávez, entre sus seguidores). El sentimiento es más de identificación con un grupo, no con un líder. ¿Es posible construir a partir de aquí un nuevo sentido de comunidad, un nuevo consenso? Es muy incipiente para apostar por eso. Quiero tener la esperanza.
Comentario de Reste@dos — November 27, 2006 @ 3:20 pm
Vamos por la misma vía. Ampliando tu primer punto, hay que acotar que Habermas aboga por una sociedad abierta y de discusión libre, donde las instituciones permitan el fluir del discurso. Eso no existe en Venezuela (o está viciado) y creo es el primer paso a dar para re-instaurar una “cultura de la discusión” si se quiere, y formar cultura del debate político. Sin embargo, cuando las Universidades se sesgan, se les impone una ideología y los canales de TV y periódicos también; pues la cosa se complica muchísimo. En estos días hablaba de la nominación de Bush a la Corte Suprema, la señora que de broma y sabía leer. ¿Cómo se echó para atrás la nominación? Con una reacción en los medios y una discusión generalizada. USA no es la panacea, pero al menos en este caso en particular, podríamos tratar de copiar a los gringos. ¿Tú imaginas a alguien o algún medio debatiendo y echando para atrás la nominación de un Ministro o un Gerente? Si ni siquiera con el insulto de “Rojo, Rojito” se creó una reacción para pedir la dimisión de Ramírez. Y chavista que no lo acepte, pues lo sacan. No muy habermasiano…
Lo segundo es el truco más viejo del libro. Se le dice a un pintor que su cuadro es malo, y él responde, “ah, sí, güevón, párate aquí a echar pincelazos y verás lo difícil que es”. Atacar al interlocutor más que al discurso es clásico; hasta los USA lo hicieron en la ONU con Francia sobre las WMD.
No creo que haya una teoría, ni filosófica ni psicológica, lo suficientemente profunda para explicar los factores de identificación. Quisiera creer que es lo que trabajo. De hecho, estamos intentando abrir los modelos de Acto de Habla para que sean más maleables, a partir de Wittgenstein y de la “mimesis” estudiada por Antropólogos Alemanes. Tampoco es que servirá de mucho para el caso en cuestión.
Sí creo –o tengo la impresión-, que en cuanto a discursos y adhesión se trata, en Venezuela nos movemos más con los “perlocutorios” que con los “ilocutorios” de Austin y Searle. Es decir, vale más el contenido emotivo del discurso que el preformativo, si digo, “vota por amor” es más eficaz que si digo “vota porque tengo una buena propuesta”. Igual que más validez tiene el acusar a un representante de “homosexual” que el demostrar que se equivocó. Lo primero gana más votos y más adhesión.
Tal vez por eso los nórdicos no puedan analizar lo que sucede en nuestras latitudes, porque el modelo, si bien es el mismo, se evalúa y aplica de manera distinta. Una hipótesis…
P.D.: Hace rato que no “vivo” allá. La tesis me salió larga… Debería terminar el año que viene, pero este Diciembre igual pasaré, como siempre, las Navidades por allá.
Saludos.
Comentario de vicente — December 5, 2006 @ 1:02 pm